Felicidad y emoción

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06 ago 14


Desde Amsafe Rosario queremos manifestar nuestra profunda y sincera alegría al enterarnos que, después de 35 años de lucha y de búsquedas, Estela de Carlotto encontró a su nieto Guido.

El martes 5 de agosto no fue un día más en la historia de nuestro país. En horas de la tarde, quizá en unos pocos minutos, comenzaron a recalentarse las redes sociales con la noticia y lo primero se atinaba a hacer era buscar una confirmación de lo que estaba pasando.

“Encontraron al nieto de la Carlotto”, fue una de las frases que más se escuchó y leyó. Y más allá de que es el número 114 que Abuelas de Plaza de Mayo logra encontrar y restituirle su identidad, sin dudas este es un caso es emblemático.

Estela de Carlotto representa muchas cosas en el imaginario colectivo de nuestro país. Independientemente de las legítimas y diversas valoraciones políticas que se le puedan hacer, quizá sea un poco la representación simbólica que encarna como “abuela de todos” lo que hizo que la aparición de este 114 no haya sido un anuncio más.

A Guido lo encontramos todos porque lo buscábamos entre todos y todas. Organismos de derechos humanos, organizaciones sindicales, sociales, políticas y el pueblo en general. Si no hubiera sido así, no se habrían derramado semejante cantidad de lágrimas en todo el país. Está claro que no hay forma de probarlo, pero seguramente la de ayer fue la tarde más llorada en muchos años de nuestra historia reciente. Un llanto masivo que expresaba muchas cosas: emoción, alegría, consternación y felicidad; pero también muchísima rabia, bronca, impotencia y hasta odio; por los 35 años de espera para el abrazo. Bronca por los que saben y callan. Por las leyes de impunidad. Por el silencio cómplice de la cúpula de la Iglesia Católica. Por la indiferencia funcional de buena parte de la sociedad.

 

Cómo fue

En junio, un joven mandó un mail a las Abuelas de Plaza de Mayo con esa duda a cuestas. Hace un par de semanas, tocó la puerta de la sede de la institución.

Alguien cercano a la familia le había contado que sus padres no eran sus padres biológicos. Sospechaba que podía ser hijo de desaparecidos. Lo derivaron a la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi). Su sangre se cruzó con las muestras del Banco Nacional de Datos Genéticos y ayer, martes 5 de agosto, estuvieron listos los resultados: sus padres eran Laura Carlotto y Walmir Oscar Montoya.

 

Los que vinieron y los que faltan

Durante el terrorismo de Estado llevado a cabo durante la última dictadura militar, en la Argentina se llevó a cabo un Plan Sistemático de Robo y Apropiación de Bebes hijos de desaparecidas, en muchos casos nacidos en cautiverio. Se estima que son alrededor de 500 los cosos, de los cuales 114 se han resuelto gracias a la labor de Abuelas de Plaza de Mayo.

Si bien esta es una de las consecuencias que dejó el genocidio militar de fines de los años 70, la función de los golpes de Estado realizados en Sudamérica tuvo que ver principalmente con la imposición de un proyecto político, económico y cultural de concentración y acumulación de riquezas. Uno de los objetivos del denominado “Plan Cóndor” fue neutralizar la lucha anticapitalista que se venía desarrollando con fuerza en nuestros países. Hoy, a más de 30 años podemos decir que retomar sus banderas es retomar por una sociedad sin oprimidos ni opresores.

 

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